El día se levantó cubierto
de nubes, ya los días anteriores el pronóstico meteorológico
era de lo más pesimista. Quedamos como siempre en el pilón
de la Plaza de la Independencia de Jerte a las ocho de la mañana.
Justamente a esa hora comenzó
a llover, poco a poco íbamos viendo que probablemente se
frustrarían nuestras espectativas de terminar la ruta.
Aún así, intentamos ser optimistas y nos aventuramos
a ver que pasaba. La subida a los Tres Cerros la hicimos bastante
deprisa, un poco acelerados quizá por la costumbre de correr
cuando llueve para evitar mojarnos.
Al llegar arriba de los Tres Cerros
empeoraba la situación, y a la torrencial lluvia se unían
las rachas de fuerte viento que nos hicieron desistir en el intento
de terminar la marcha. Una pena, ya que muchos habíamos
puesto mucho entusiasmo en esta ruta. Sentimos muy de veras que
la gente que se desplazó desde sitios lejanos de nuestra
geografía no pudiera realizar esta magnífica marcha
en una de las épocas más bonitas para contemplar
el valle.
En fín, que tampoco hay mucho
material fotográfico de la odisea, ya que la fuerte lluvia,
suponía una amenaza para las cámaras fotográficas.
A pesar de esto, hay algunas fotos que muestran el magnífico
paisaje y la belleza cromática de los bosques de castaño
y roble.
Otra vez será.